Contraembalse del río Agrio en Aznalcóllar. Fotografía realizada por Ana Pinto Lepe el 21/03/2026.

POR UNA TRANSICIÓN JUSTA EN NUESTRA ZONA DE SACRIFICIO. MERECEMOS OTROS MODELOS DE PRODUCCIÓN.

El contraembalse del río Agrio, situado en el municipio de Aznalcóllar, es un lugar de recreo con un alto valor ambiental y paisajístico que solemos disfrutar la gente de la comarca histórica de los Campos de Tejada, en el que se practica desde la pesca, el senderismo, las rutas en bici, diferentes actividades acuáticas, etc.

Un sitio refrescante entre la campiña y la Pata del Caballo, que sobre todo ayuda a combatir los calurosos días de verano que sufrimos en esta zona con altas temperaturas que cada año van tanto en aumento, tanto de grados como de días de calor.

El color del agua de la foto que aparece en la portada, realizada el 21/03/2026, según informan diferentes expertos en la materia, se produce debido a los lixiviados de la minería, zona justo a la espalda del contraembalse. Por lo que actualmente, según podemos comprobar en la fotografía hablamos de una gran contaminación por metales tóxicos.

Se viene denunciando esta situación por diferentes organizaciones desde hace meses.

El agua que veis en la foto va a parar al río Guadiamar, dónde cada dos por tres se está documentando y denunciando la aparición de grandes cantidades de peces muertos. Lo que se conoce como eutrofización, y tenemos el claro ejemplo de la tragedia del Mar Menor para hablar de ello.

En esta misma zona, hay aprobados diferentes proyectos mineros que nos acabarán llevando a lo mismo que veis en la foto, por mucho que lo vendan de minería sostenible. La minería sostenible no existe. Lo que existe es la llegada de grandes corporaciones mineras a pueblos necesitados de trabajo prometiendo empleo y poniendo dinero arriba de la mesa de los Ayuntamientos, y se acaba pensando a corto plazo, en vez de mirar al futuro y las consecuencias que acarrean estas actividades, como es el caso de Grupo Mexico, la empresa que va a reabrir la mina de Aznalcóllar con un largo historial a sus espaldas de desastres medioambientales y vulneración de derechos a los trabajadores de la mina. Véase también el ejemplo histórico de la riqueza que ha dejado en nuestra provincia la minería, y véanse también las consecuencias.

Esta misma semana, la plataforma Salvemos Doñana ha anunciado su reclamación para que de una vez se lleve a cabo la restauración del río Guadiamar tras la catástrofe que sufrió debido a los lodos tóxicos que lo arrasaron por la rotura de la balsa minera de Aznalcóllar, en el año 98. Uno de nuestros mayores desastres ambientales, que se venía advirtiendo que iba a pasar por parte de algún técnico, pero que la empresa Boliden negó, y por el contrario, afirmaba que estaba todo bien. Como dicen ahora: que todo será muy sostenible y no habrá ningún problema socioambiental.

El Guadiamar a su vez es el río que da de beber a Doñana, nuestra joya natural.

En la naturaleza todo está conectado. Y nuestro territorio de sacrificio empieza por una punta de Huelva y termina en la otra.

De ahí que no podamos hablar de derechos laborales sin tener en cuenta que debemos poner sobre la mesa la transición hacia otros modelos de producción alejados del extractivismo actual. Queremos justicia social y ambiental para nuestra tierra, y eso pasa porque la vida en los pueblos sea posible con acceso al trabajo digno, a contar con agua potable en los grifos de nuestras casas, y también a poder disfrutar sanamente de nuestro entorno natutal.

El extractivismo (minería, agricultura intensiva, etc.) es pan pa hoy y jambre pa mañana. Aparte de las consecuencias que deja, las cuales nos comemos la gente que habitamos los pueblos de la zona.

¡Una transición es posible y urge!

Nos merecemos otra vida.